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Apareciste t√ļ
Escrito por Jos√© F. Fern√°ndez Godoy   

Basado en mi libro "autobiografía de un nacimiento"

Fotografías de Cristina Granados

 

 

Mi vida ps√≠quica en los comienzos de mi estancia en el mundo era muy pobre. Tan pobre, que estaba dominada por el sue√Īo. Dorm√≠a casi todo el d√≠a, y en el resto, no llegaba a despertar del todo, quedando en un especial estado de sopor.


En las cortas fases de vigilia llegaban a mi obnubilada consciencia m√ļltiples impresiones, unas procedentes del mundo que me rodeaba (la luz, los sonidos, los olores...) y otras procedentes del interior de mi cuerpo (la degluci√≥n, las contracciones de mi est√≥mago y mi actividad muscular). Pero no distingu√≠a las unas de las otras, no sab√≠a diferenciar lo que estaba fuera, o era exterior a mi, de lo que estaba dentro, o era interior a m√≠, y los est√≠mulos de mis contracciones musculares eran percibidos tan exteriormente como el sonido de tu voz, o tu voz me llegaba tan interior como mis contracciones musculares.

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Todo me llegaba difuso, impreciso, desorganizado y, como acababa de nacer, sin significación. Las diferentes sensaciones (visuales, táctiles, olfatorias,...) desfilaban ante mí de un modo difuso, como imágenes desenfocadas.

 

 

Apareciste en mi vida como una hada buena

 

A medida que pasaban los d√≠as, los per√≠odos de sue√Īo se fueron acortando y los de vigilia alargando. En √©stos, mi consciencia se iba clarificando, las sensaciones ¬†llegaban ya mas n√≠tidas, las im√°genes m√°s enfocadas. Y todo, porque se estaba produciendo un hecho de extraordinaria importancia, la repetici√≥n de un conjunto de esas sensaciones. Comenzaba por la sensaci√≥n de hambre que me creaba un estado de profundo malestar, tras la cual, mis sentidos se ve√≠an invadidos por una serie de impresiones que la transformaban en otra de intenso placer. Se trataba de impresiones procedentes de tus cuidados, de tus caricias, del contacto con tu cuerpo cuando me estrechabas contra tu pecho, la de tu voz cuando me hablabas, el olor de los productos del aseo y el expelido por tu cuerpo, la visi√≥n de tu rostro que me sonre√≠a y me miraba con ternura y, sobre todo, impresiones gustativas procedentes de tus pezones cuando me lo introduc√≠as en mi boca y flu√≠an por ellos un l√≠quido dulce, calentito, agradable, que al llegar a mi est√≥mago vac√≠o, me calmaba el hambre.

 

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 …sentía como si te estuviera absorbiendo,…

 

Y muy pronto comencé a distinguir que en esa cadena de sensaciones había un ente, un alguien o un algo, que se constituía en principal protagonista. Ese alguien o ese algo lo envolvía todo, lo inundaba todo a mi alrededor; de él partían las caricias llenas de la más suave ternura que recorrían todo mi cuerpo, suyo era el agradable calor que recibía cuando me arropaba entre sus brazos e igualmente suya era la voz que, al anunciarme el estado de placer que se avecinaba, me sacaba de la tensión provocada por las contracciones de mi estómago vacío.

Así, mamá, apareciste en mi vida, como la hada buena que con su varita mágica convertía las sensaciones de malestar en otras de placer, como el alma misericordiosa que cuando tenía hambre me daba de comer, como la gran benefactora que, ante mis gritos y llantos solicitadores de auxilios, venía a socorrerme.

Cuando me introduc√≠as tus pezones en mi hipersensible boca y extra√≠a de ti el ben√©fico l√≠quido que me llevaba a ese estado de m√°ximo placer, sent√≠a como si te estuviera absorbiendo, perdi√©ndome en ti y fundi√©ndome contigo, y al amar esas impresiones que t√ļ me procurabas, te amaba a ti y me amaba a m√≠ misma a la vez, ya que al no saber distinguir lo que estaba dentro de lo que estaba fuera de m√≠, y, por tanto, carecer de yo, mi primer yo fuiste t√ļ.

Aprend√≠ a percibir tu presencia que formaba parte de m√≠ y me embriagaba. Cuando me encontraba tensa y angustiada por el hambre o las escoceduras de los pa√Īales mojados el s√≥lo sonido de tu voz, embajador de bienestar, me calmaba.

 

  

Tu rostro, signo o se√Īal de situaciones placenteras

 

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Tu figura fue ganando nitidez y consistencia. De ella lo que m√°s llamaba mi atenci√≥n era el rostro y, dentro de √©l, sus particulares relieves, la frente con sus surcos y cejas, los ojos y p√°rpados en continuos movimientos y la nariz que de forma tan pronunciada sobresal√≠a, todo lo cual formaba en conjunto una imagen que atra√≠a poderosamente mi atenci√≥n. Al mamar me quedaba fija, extasiada en ese rostro, en ese maravilloso rostro tuyo. Y cuando, al final, llena de placer, me sumerg√≠a en una especie de estado de relajaci√≥n y sopor que me conduc√≠a al sue√Īo, quedaba tu rostro gravado profundamente en mi mente. As√≠, tu rostro, mam√°, comenz√≥ a constituir parte esencial del bienestar que t√ļ me procurabas y mi amor por √©l, mi amor por ti, se fue intensificando m√°s y m√°s.

 

 

Contigo llegó el orden

 

En torno a la alimentaci√≥n giraba, en esos primeros momentos, todo mi psiquismo. Cuando en mi nacimiento sal√≠ de tu cuerpo y me desprend√≠ f√≠sicamente de √©l, permanec√≠, sin embargo, estrechamente unida a ti por unos fuertes lazos de dependencia y afectividad √≠ntimamente entrelazados entre s√≠. Sin la alimentaci√≥n que t√ļ me proporcionabas yo no hubiese podido subsistir, pero si imprescindible era para mi cuerpo esa alimentaci√≥n material, tambi√©n era imprescindible para mi mente, esa otra alimentaci√≥n espiritual tan √≠ntimamente unida a la primera.

Debido a esta unión, en mi mente -que todo era confuso sin significación y desorganizado- se produjo un principio de organización. Tras la sensación de hambre fui aprendiendo a esperar las otras que, en cadena, la harían desaparecer y a medida que todas esas sensaciones iban apareciendo las iba reconociendo y dándole un significado. Y así, a través de la fundamental necesidad biológica de la alimentación comenzaron a estructurarse los pilares básicos de mi personalidad.

Apareciste en mi vida y contigo lleg√≥ el bienestar, el orden, la luz que iluminara mi mente, pero, sobre todo, contigo, mama, lleg√≥ el amor. El amor que servir√≠a de base a la maravillosa relaci√≥n de dos seres, t√ļ y yo, tan estrechamente unidos entre s√≠, que m√°s que dos, fuimos durante mucho tiempo un solo ser.

 

Última actualización el Sábado, 02 de Marzo de 2013 09:44
 
 

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