Home El Parto (cuento)
El parto (Cuento)
Escrito por Jos√© F. Fern√°ndez Godoy   

 

 

 

En los primeros a√Īos de mi vida experiment√© un desarrollo vertiginoso. Hasta tal punto, que de comenzar siendo el ser m√°s desvalido me fui convirtiendo en toda una "persona".

El tercero fue un a√Īo de entrenamiento, de ensayo, de preparaci√≥n de funciones corporales. Mi cuerpo, lleno de impulsos vitales, se entregaba sin cesar a sus m√ļltiples actividades. No hab√≠a un objeto que no intentara coger, ni un lugar al que no pretendiera llegar. Dominado el equilibrio, lo desafiaba continuamente andando a pie cojita, saltando, encaram√°ndome en los sitios m√°s inveros√≠miles, realizando piruetas,...

Esta ejercitación de mis funciones corporales, sentidas gozosamente, me permitió tomar contacto con mi cuerpo, conocerlo y diferenciarlo de lo que lo rodeaba; aprendí a delimitar su frontera y a distinguir lo que estaba dentro de ella o era interior a mí y lo que estaba fuera de ella o era exterior a mí. Además, este perfeccionamiento de mis funciones corporales me liberó del parasitismo al que había estado sumida y me puso en camino de la libertad y la independencia; de ir hacia un objeto o persona o separarme de ellos, de explorar los lugares que me apetecieran y de prescindir de ayuda en las dos importantes actividades de comer y vestirme.

Mi mente se fue tambi√©n desarrollando. El pensamiento se fue afianzando y, como veh√≠culo del pensamiento, el lenguaje, que tras un largo per√≠odo de aprendizaje escalonado en sucesivas etapas, llegaba a √©sta de los tres a los cuatro a√Īos en la que la pronunciaci√≥n de las palabras y construcci√≥n de la frase gramatical se ir√≠a perfeccionando y mi vocabulario enriqueci√©ndose. As√≠, yo, que me hab√≠a convertido en la gran carreteadora, que cada d√≠a recorr√≠a y escudri√Īaba todos los rincones de la casa, fui tambi√©n la gran parlanchina que no cesaba de hablar, hablar y hablar, cont√°ndolo todo y haciendo un sinf√≠n de preguntas‚Ķ

Y fui la gran so√Īadora que continuamente me evad√≠a del mundo real y me sumerg√≠a en el fabuloso mundo de la fantas√≠a.

 

 

cuentoelparto1m  

Fui la gran so√Īadora

 

A medida que t√ļ te ibas distanciando de m√≠, se consolidaban las relaciones con pap√°, los dem√°s miembros de la familia, y en general, no desperdiciaba la menor ocasi√≥n para tomar contacto, entablando conversaci√≥n con toda persona ‚ÄĒel panadero, un amigo de la familia‚ÄĒ que entrara en la casa, con lo cual me fui preparando para el importante paso de la inmediata etapa de escolarizaci√≥n.

La obstinación, la terquedad, la desobediencia y la rebeldía fueron las características propias de mi forma de ser en esta etapa en la que mi naciente voluntad irrumpió violentamente, tratando de imponerse a toda costa a la de los demás, iniciándose así la lucha de voluntades que se había de prolongar a lo largo de toda mi existencia.

Como exponente de la toma de consciencia de mí misma aparecieron en mi vocabulario dos palabras muy cortas, de tan sólo dos letras cada una, pero de gran contenido psicológico: "yo" y "no". Anteriormente, en la construcción de las frases me colocaba en tercera persona (la nena va de paseo) pero desde entonces comencé a hacerlo en primera persona (yo voy de paseo).

En ese lenguaje pintoresco de palabras mal pronunciadas y frases defectuosas propias de mi media lengua, surgía el yo, pronunciado con claridad y fuerza, que destacaba sobre los demás términos de mi vocabulario.

‚ÄĒ ¬ŅQui√©n se va a comer esta sopita tan rica? ‚ÄĒpreguntabas t√ļ colocando el plato delante de m√≠ y al instante, yo respond√≠a:

‚ÄĒ ¬°Yo! ‚ÄĒa la par que me llevaba mis palmitas al pecho para que no hubiera la menor duda que era yo, √©sta que estaba aqu√≠, √©sta que se tocaba con sus propias manos y no otra, la que se iba a comer la sopita tan rica, preparada por su mama√≠ta.

 

cuentoelparto2m

Lucha de voluntades

 

Los "no" surgieron como consecuencia de la liberaci√≥n del parasitismo al que hasta entonces hab√≠a estado sometida. Mi desarrollo corporal me brindaba ya la posibilidad de elegir entre ir o no ir, acercarme o alejarme, hacer o no hacer. El "no" aparec√≠a como el m√°s claro s√≠mbolo de la reafirmaci√≥n de mi personalidad. Se trataba de unos "no" rotundos, que no daban lugar a la menor apelaci√≥n posible. Nunca volver√≠a a pronunciar unos no como aquellos, porque el mundo bien pronto me ense√Īar√≠a, para no hacer tan sangrienta la lucha de voluntades, el arte de cambiar el "no" por el "s√≠, pero...‚ÄĚ. Pero estos no de la segunda mitad del tercer a√Īo y de todo el cuarto fueron unos no precisos, que se alzaban en mi vocabulario con claridad y √©nfasis.

‚ÄĒAnda, dale un beso a esta se√Īora ‚ÄĒme solicitabas t√ļ y mi respuesta quedaba reducida escuetamente a la palabrita (o mejor, palabraza) de dos letras:

‚ÄĒ ¬°No! ‚ÄĒy para que no hubiera el menor g√©nero de duda, la ratificaba con un movimiento de negaci√≥n con la cabeza; y acto seguido me marchaba. Para qu√© esperar si mi "no" hab√≠a sido tajante. Bastante tiempo hab√≠a estado sometida a voluntades ajenas para que ahora no pudiera ejercer la m√≠a. Yo era yo, y si yo no quer√≠a besar a aquella se√Īora no la besaba sin m√°s, sencillamente, porque no me daba la gana.

 

 

Al fin lleg√≥ el d√≠a tan esperado de mi ida al colegio. Era aquella una ma√Īana muy especial. T√ļ me despertaste antes de la hora habitual y yo, sin ninguna pereza, sal√≠ r√°pidamente de la cama. Ten√≠a mucha ilusi√≥n por descubrir ese mundo nuevo del colegio.

‚ÄĒAll√≠ te lo pasar√°s muy bien porque podr√°s jugar con muchos ni√Īos y aprender√°s a pintar, a leer, a escribir... All√≠ mi ni√Īa se har√° una mujer como su mam√° ‚ÄĒ me hab√≠as contado en repetidas ocasiones.

Panorama, pues, atractivo e ilusionador. Sin embargo, aquella ma√Īana, mientras me ayudabas a vestirme y a asearme, no estabas tan alegre y dicharachera como otras veces; tu semblante era de preocupaci√≥n, y apenas si contestabas muy parcamente las muchas preguntas que, sobre esta nueva experiencia que se avecinaba, yo te hac√≠a.

 En el trayecto de casa al colegio no intercambiamos palabra alguna, aunque inenarrable sería la gran cantidad de pensamientos que pasaron por mi mente en esos minutos. Mi semblante se fue tornando tan sombrío como el tuyo. Llegué a tener miedo y ganas me dieron de pedirte que nos volviéramos a casa, que yo no quería ir a aquel desconocido lugar, pero consciente de que no lo lograría, no me atreví a ello.

Y as√≠, en silencio, llegamos a un portal cerrado con una gran cancela de hierro, que el portero, al apercibirse de nuestra presencia, abri√≥, invit√°ndome a pasar. Los siguientes fueron unos instantes de gran tensi√≥n. T√ļ, sin romper el silencio habido hasta entonces entre las dos, me diste un beso, mensajero como siempre del inmenso amor que me profesabas, m√°s en aquella ocasi√≥n, presagiador a su vez del pr√≥ximo distanciamiento de ese amor.

 

cuentoelparto3m

Introduje mis manitas entre los barrotes…

 

Yo me qued√© all√≠ inm√≥vil, clavada en el suelo, resisti√©ndome pasivamente a entrar, y fue necesario que t√ļ me dieras un empujoncito en la espalda para que lo hiciera.

La cancela se cerr√≥ tras de m√≠ y al volver la ¬†vista contempl√© a trav√©s de sus barrotes, barrera que nos separaba, c√≥mo t√ļ segu√≠as all√≠, fija en m√≠. Me dirigiste una triste sonrisa -porque, aunque parezca un contrasentido, hay sonrisas tristes- y te marchaste. ¬†

Introduje mis manitas entre los barrotes de la cancela en un desesperado intento de sujetar lo que tan unido hab√≠a estado a m√≠ y que entonces irremisiblemente se me escapaba, pero lo √ļnico que consegu√≠ fue contemplar como, alej√°ndote m√°s y m√°s, desaparec√≠as de mi vista.

Mir√© a m√≠ alrededor y vi a muchos ni√Īos y ni√Īas como yo y a algunas personas mayores como t√ļ, no obstante, me invadi√≥ una profunda sensaci√≥n de soledad. Yo, que hasta entonces siempre hab√≠a sido el centro de la atenci√≥n de todos los que me rodeaban, me encontraba all√≠ sin que nadie me echara la menor cuenta, parada, con las manos en los bolsillos, sin saber qu√© hacer, ni adonde encaminar mis pasos. De pronto, un ni√Īo muy feo y muy bruto se abalanz√≥ sobre m√≠ y de un tremendo empuj√≥n me tir√≥ al suelo.

 

T√ļ, mam√°, me has ido pariendo lentamente. Comenz√≥ este parto cuando, siendo a√ļn una bolita que hab√≠a anidado en la pared de tu matriz, me fui desprendiendo poco a poco de ella, quedando como √ļnico v√≠nculo de uni√≥n un conducto, el cord√≥n umbilical; pero cuando √©ste fue cortado, s√≥lo se produjo una separaci√≥n f√≠sica, pues continu√© unida a ti por unos fuertes lazos de dependencia y afectividad. Tan unidas est√°bamos entonces que form√°bamos una sola cosa. Al mamar de tus pechos me fund√≠a contigo de tal modo que al amar esas impresiones que t√ļ me procurabas te amaba a ti y me amaba a m√≠ misma a la vez. Pero esta estrecha uni√≥n se fue poco a poco deshaciendo. Un d√≠a not√© cuando estaba lactando que lo que se encontraba dentro de mi boca no era uno de tus pezones sino otro artificial, ni eran tus suaves y delicadas manos las que me cog√≠an, ni tu dulce voz la que llegaba a mis o√≠dos, y tampoco estaba all√≠ tu mirada llena de ternura. Poco a poco fui tomando contacto con el mundo, conociendo los otros componentes de la familia y las cosas; fui tomando conciencia de m√≠ misma y distinguiendo lo que era yo de lo que no era yo, y en esa realidad exterior te fui situando a ti cada vez m√°s distante de m√≠.

Mas, dentro de este largo y paulatino parto ha habido fases de expulsiones, ha habido, pues, momentos de brusquedades, de violencias. Violenta fue mi salida de tu matriz anatómica y violenta ha sido también mi salida de esta otra matriz psicológica. Y si agresivo fue el recibimiento de que fui objeto en el momento del nacimiento por parte del mundo, un mundo lleno de estímulos que incidieron brutalmente sobre mis sentidos, agresivo fue también el recibimiento de este otro mundo al que acaba de llegar. La diferencia estribó en que en la primera ocasión yo me encontré totalmente impedida, carente de las más elementales posibilidades de defensa, y en ésta sí disponía de sobrados recursos para, tras aquel derribo, levantarme por sí sola y prepararme para la lucha, para la larga lucha con el medio.

Y t√ļ, ¬Ņqu√© sentiste cuando emprendiste el regreso a casa...? Tras la primera fase expulsiva del parto, la de mi nacimiento, vino la alegr√≠a del encuentro; mas esta segunda fue seguida por la tristeza de la separaci√≥n. Seguro, mam√°, que en √©sta m√°s que en la primera sentiste que algo se hab√≠a desprendido, o mejor, que algo se hab√≠a desgarrado en lo m√°s profundo de tu ser. Tremendo dolor debi√≥ producirte este desgarro de sentimientos. Pensamientos sombr√≠os los que debieron pasar por tu mente en aquel trayecto del colegio a casa. ¬ŅY en la casa?, ¬Ņqu√© sentiste cuando entraste en ella y la encontraste sola? Te parecer√≠a mentira que algo tan peque√Īo como yo pudiera llenarla tanto. Y es que yo era una diablilla que cada d√≠a correteaba todas sus dependencias, escudri√Īando todos sus rincones y con mi graciosa media lengua no paraba de hablar, hablar, hablar... ¬°Qu√© silencio tan impresionante el de aquella casa sin m√≠! Quiz√° cuando llegaste a ella te sentaste en el sof√° de la sala de estar y continuaste sumergida en tus pensamientos. Aquel parto era necesario, era necesario que yo me separara y me independizara de ti, pues ten√≠a que aprender a valerme por m√≠ misma en un mundo en el que no estar√≠as t√ļ.

Aprender√≠a a ser mujer y, sabe Dios, si una mujer inteligente que ocupara un puesto importante en la sociedad... No, no era l√≥gico que estuvieras triste -seguir√≠as pensando- porque, al fin y al cabo, solamente unas horas de separaci√≥n y la casa volver√≠a a estar llena de m√≠. Pero ¬Ņqu√© ibas a hacer?, no pod√≠as remediarlo, lo estabas, tan triste y acongojada estabas que quiz√° unas l√°grimas saltaron de tus ojos. T√ļ, mam√°, que hab√≠as soportado estoicamente el gran esfuerzo de expulsarme f√≠sicamente de ti, sin embargo, llorabas tras esta otra expulsi√≥n psicol√≥gica; ahora bien, estas l√°grimas no reflejaban debilidad, tan s√≥lo constitu√≠an el exponente de que t√ļ eres eso, una mujer, capaz de soportar las mayores pruebas f√≠sicas, pero con los sentimientos a flor de piel y cuando √©stos eran los que entraban en juego... Quiz√°, tras un profundo suspiro, te levantaste del sof√° dispuesta a desviar tus pensamientos con la realizaci√≥n de las muchas faenas que te quedaban por hacer; pero quiz√°, por mucho que te lo propusiste, te fue imposible apartar de ti el eco de mi voz, de mi encantadora media lengua, de la que, entre un sinf√≠n de palabras mal pronunciadas, sobresal√≠an dos que, repetidas con claridad y fuerza, constitu√≠an el alegre repique de campanas anunciador del nacimiento de mi personalidad: yo, yo, yo, .... no, no, no...

 

 

 

cuentoelparto4m

‚Ķen un mundo en el que no estar√≠as t√ļ

 

Basado en mi libro "autobiografía de un nacimiento"

Dibujos de José María Carnero

Fotografías de Ana Casanova


Última actualización el Sábado, 02 de Marzo de 2013 09:48
 
 

Anunciantes